Antimemorias

Un bareto. Eso era lo primero que hacíamos Malacara y yo por las mañanas. Fumarnos uno. Luego prendíamos el televisor para ver Mazinger Z. Mientras él se dormía en el sofá boca arriba y se revolcaba como un epiléptico, yo me iba a la cocina a prepararme una taza de café recién colado con una barra inglesa de chocolate. Abría las ventanas de la segunda plata de la casa de par en par y repetía por centésima vez en el tocadiscos a Fito Páez con su “y a rodar y a rodar y a rodar y a rodar mi vida… y a rodar y a rodar y a rodar y a rodar mi amor...chao hasta mañana”.
Claro que el único que aspiraba la pelusa, bien apretada en papel arroz de Biblia, era yo. A Malacara no le gustaba el olor de la yerba. Y si me le acercaba mucho para soltarle la nube espesa en pleno hocico me mostraba sus colmillos, aunque sin mucha convicción. Su aliento tampoco es que fuera el más higiénico. Tarde en las noches me acordaba de pasarle el cepillo, pero la pereza terminaba por vencerme y renunciaba a levantarme de la cama.
Buen perro, el Malacara ese. Era un pastor alemán de unos 8 años cuando lo recogió frente a su casa el turco Amín, nieto de sirio-libaneses que habían llegado a Colombia cuando se desintegró el Imperio Otomano.
Malacara es un milagro que en este instante me lame la mano.
Ahogado por el eterno escape de gas, dejé hervir la cafetera en el fogón y salí para darle mate a la pata que agonizaba en el cenicero.
De poco le sirvieron el yoga, el tantra y la meditación trascendental, hare rama, rama krishna, que por nueve años había practicado antes de largarse al encuentro de su platónico sik, uno de aquéllos tipos que en su vida se cortan el pelo y se lo enrollan bajo un turbante, no toman, tampoco fuman y pueden llegar a matar en defensa de su pacífico credo.
Allá en Varanasi dormía en el suelo, sobre una estera. Muy temprano llevaba ofrendas florales a Shiva. En las tardes bailaba frente a los espejos de su alcoba de monasterio y servía al gurú deva de una nueva comunidad en la que encontró a un colombiano que se encargó de sembrarle un Buda en sus entrañas.
2 Comments:
wowowowow..., que fue esto que leì, me desconecto del planeta un ratico, pero a la vez me hizo viajar a mi interior, a lo que la vida y las mujeres me han hecho durante toda mi vida, o sea que talvez no me desconecto en realidad, me conecto con las amarguras y los odios de los amores pasados.
HAGAMOS LA PELÌCULA!!!
NO PUEDO CREER QUE LA PELÌCULA ESTE TAN PRÒXIMA A HACERCE. NO PUEDO CREER QUE TODO FLUYA TAN RÀPIDO NI TAMPOCO QUE YO VAYA A SER EL DIRECTOR, ES UNA IDEA EMOCIONANTE, ÙNICA!!!
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