Monday, April 30, 2007

Guillermo Arriaga pasó por Colombia

“En la calle aprendí a no rajarme”
Invitado especia la la 20a Feria Internacional del Libro de Bogotá, el mejicano nominado al Oscar por el guión de Babel y ganador de la Palma de Oro por 'Las Tres muertes de Melquíades Estrada', lanzó en Colombia su segunda novela 'El búfalo de la noche'
No le teme a la muerte porque aprendió a esquivarla desde que un veterano del Vietnam le sopló un bate de béisbol en la nuca. Tampoco la busca. Pero cuando se la encuentra la mira de frente. A veces le dispara con su rifle de cacería. Otras veces la contempla en la calle para transformarla en imagen literaria o cinematográfica. Como cuando delante de él apuñalaron a una rubia.
Carece de olfato, es de Piscis, odia a los intelectuales, y sabe que la única misión del escritor consiste en ir hasta el borde del desbarrancadero, regresar dejando jirones de piel por el camino y contar algo nunca visto.
Guillermo Arriaga es ese cazador que escribe. El mejicano nominado en la pasada edición del Oscar como mejor guionista por ‘Babel’, el asfixiante drama multicultural que produjo al lado de su ex amigo, el director Alejandro González Iñárritu.Autor también de ‘Amores perros’ y ‘21 gramos’, Arriaga visitó la 20ª Feria Internacional del Libro de Bogotá para presentar su volumen de cuentos ‘Retorno 201’ y su novela ‘El búfalo de la noche’.
El monte y la calle son sus mayores influencias. Más que la Biblia y Las mil y una noches. Es feliz, presiente que sus páginas no se irán a la tumba con él y dice que flota cuando escribe.
¿A qué se debe su estrecha relación con Colombia?
Entre 1983 y 1984 yo tenía los primeros borradores de mi libro de cuentos ‘Retorno 201’ y mi cuñado se los hizo llegar a Álvaro Mutis. Pero no sólo me leyó sino que me llamó a decirme: mira, leí los cuentos, me gustaron y te sugiero que sigas adelante. Todavía conservo sus correcciones hechas a mano. Aquí tengo amigos muy queridos como mi primer editor que fue Jaime Aljure, de Editorial Planeta, Fernando Gaitán, el libretista más importante del mundo, del actor Jorge Enrique Abello y de Marcela Salazar, de editorial Norma.

¿Y de turista cómo le ha ido?
Recién casado con mi mujer fuimos a Cartagena. Y durante ese viaje pasé 15 días en Bogotá porque asistí a un congreso de universidades jesuitas de comunicación en la Javeriana. En otra estadía en Bogotá, en 1988, a mi mujer le dio por comprar botas en Ciudad Kennedy porque le dijeron que ahí eran muy baratas. Después me comentaron que esa zona era muy peligrosa.
¿Le pasó algo?
Estuvimos como cuatro veces ahí y no pasó nada salvo que mi mujer compró muchas botas.
Pero otro día pasaba yo en un taxi por la carrera 13 con calle 26, abajito del Hotel Tequendama, y de pronto apuñalaron a una mujer por la espalda. Era una mujer hermosísima, de un cuerpo lindísimo, apuñalada por la espalda y tirada en la calle. Esa imagen me impresionó tanto que con ella empecé mi primera novela ‘Un dulce olor a muerte’, que publique en 1994.
¿Alguna influencia menos brutal?
La del crítico y excelente cuentista colombiano Hernando Téllez. Ha ejercido una enorme influencia en mí.
‘Retorno 201’ es una evocación muy cruda de su adolescencia. ¿Cómo fueron esos tiempos?
Mira, yo crecí en la colonia Unidad Modelo, de Ciudad de México. Uno de los sectores más violentos de la capital. Mi familia no es rica pero éramos los únicos del barrio que estudiábamos en colegio privado. Mis padres hicieron un esfuerzo gigantesco para darnos una buena educación. En la mesa las discusiones no podían ser tontas. Como decía un candidato presidencial mejicano, venimos de la cultura del esfuerzo.
¿Qué les debe a sus padres?
Mis padres son fundamentales en mi formación. Y te voy a decir una cosa: soy un privilegiado por tener los padres que tengo. Son de una vitalidad que ni te imaginas, tú ves a mi papá ahorita, que tiene 83 años, y parece de 58, te lo juro. Y mi mamá es una mujer guapísima, son un par de chamacos. Mi padre siempre me dijo: haz lo que se te pegue la gana en la vida, pero nunca hagas nada por dinero.
En Colombia se acaba de lanzar su novela ‘El búfalo de la noche’, ¿cómo la han recibido en el exterior?
En México y Estados Unidos los menores de 30 años se han sentido muy identificados con la novela. A los mayores les cuesta un poco más de trabajo. ¿Cómo perdió el olfato?
Yo tenía 11 años y estaba jugando béisbol en mi barrio. De un momento a otro se dejó venir un tipo de unos 25 años que había estado en la guerra de Vietnam. Me abofeteó sin razón. Le dije: qué te traes, agarró un bate y me lo descargo en la nuca. Me dejó paralizado por seis horas y me dejó sin olfato para toda la vida. Pero le pegué su mordisco. Y todo porque mi hermano, en una carrera, había pisado un charco y había salpicado a la hermanita del tipo. Desde entonces aprendí a meter las manos.
¿Y no puede oler absolutamente nada?

Ahora saboreo los olores porque se me han desarrollado las papilas, algunos perfumes los puedo oler, pero desgraciadamente huelo la caca.
De ahí en adelante, ¿cómo respondía usted?
Una vez, fuera de mi barrio, estaba jugando un partido de fútbol y un tipo del equipo contrario pateó en el suelo a mi primo. Me le acerqué al tipo y le dije: te las voy a cobrar. En el partido de vuelta él iba a cobrar un tiro libre y le mandé un patadón que, maestro, le rompí tres costillas y lo dejé en coma tres días. Esa no era mi intención, sino cometerle una falta.
¿Qué le enseñó la calle?

Me enseñó a defenderme, a pelear y a no recular. A veces está bien, a veces está mal, pero ahí estoy. Aprendí a no rajarme.
¿Y por no rajarse se dañó su amistad con el director Alejandro González Iñárritu?
Ese es un tema del que prefiero no hablar. Para mí está cancelado. El es un gran director y espero que le vaya bien. Ahora yo también voy por mi cuenta.
¿La vida callejera fue el principio de su literatura?
Desde chavo quería ser escritor y a los once años les dije a mis padres que me iba a ganar la Palma de Oro de Cannes, el Oscar y el Nobel de Literatura. Ya me gané la Palma de Oro por el guión de ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’. Me faltan el Oscar y el Nobel. Siempre supe que mi vida sería la literatura.
¿Cómo le fue con Tommy Lee Jones, el director de ‘Los tres entierros de Melquíades’?
Los dos somos cazadores, los dos somos seres que aman el desierto, gente que comprende la frontera, no somos metrosexuales. Tommy es un hombre fuerte, rudo, le gusta la buena mesa, me he entendido muy bien con él.

¿Así que ‘Retorno 201’ recoge esas experiencias de su primera juventud?
La calle me ha servido para escribir ‘Retorno 201’ y todo lo que he escrito para cine es una reflexión sobre lo inútil y lo estúpido de la violencia.
¿Qué tanto ha sufrido por su déficit de atención?
De niño el asunto no estaba muy elaborado por los expertos. Uno daba la sensación de ser un tonto. Pero te das cuenta de que sabes organizar el mundo de otra manera. No tienes procesos lógicos pero tienes procesos de intuición y en este negocio de la literatura y el cine la intuición es importantísima. Yo no puedo ir de la A a la B y a la C. Yo voy de la A a la X y a la Z. Sé llegar a las cosas sin saber cómo.
El defecto se volvió una bendición…
Ese aparente defecto me ayudó a tener una de las mayores cualidades que puede tener un escritor que es organización interna. Si careces de ella no puedes escribir. Yo sí creo que tengo una estructura interna que impide que me pierda. Sé dónde estoy. Y eso me sirve cuando escribo porque no me pierdo.
¿Usted escribe para desesperados?
No soy un desesperado ni escribo para desesperados. Sobre todo escribo para los de mi especie. Últimamente mi literatura es optimista porque por oscuras que se presenten las cosas, siempre se cuela un hilo de luz para encontrar la salida. Como en ‘Babel’.

¿Cuáles son los de su especie?
Respeto mucho a la gente que tiene heridas, que fue a los extremos y está llena de espinas, de cicatrices, de heridas sangrantes. Los de mi especie son aquéllos que vienen de los bosques, son los sobrevivientes, los guerreros que no se doblegaron. Son los que dejan pedazos de piel por donde caminan. Esos son los personajes de mis historias.
¿Cuál es su sueño como escritor?

Internarme en los bosques, bordear el abismo y regresar para contar algo que nadie haya visto.
¿Cómo es su rutina a la hora de escribir?
Escribo de 10 de la noche a 4 ó 5 de la mañana. Antes tomaba Coca-colas dietéticas, pero ya no. A veces me da por bañarme porque me canso mucho escribiendo. Entonces te das una baño caliente, te relajas y a trabajar. También oigo música. El texto de la película ‘21 gramos’ lo hice oyendo Manu Chao. Me encanta poner a Led Zappelin, Jimi Hendrix y ‘La tierra del olvido’ de Carlos Vives, me parece una de las canciones más brillantes que he escuchado.

¿Cuál es el origen de los títulos de sus libros?
Salen de frases que vienen de las mismas novelas. A veces antes, a veces después. Por ejemplo, ‘Un dulce olor a muerte’ nació de un párrafo que dice “quedó en el aire un dulce olor a muerte”. ‘El búfalo de la noche’ de otra frase que decía “el búfalo de la noche ahora soñará contigo”. Después una amiga mía me habló de Rimbaud porque también mencionaba el búfalo de la noche. Una coincidencia.
¿Cómo recibió la gente su primera novela, ‘Un dulce olor a muerte’?
Conocí a una lectora que me dijo que después de haberla leído decidió cancelar su boda porque
no quería terminar como la protagonista.
¿De dónde viene su pasión por la cacería?

Deben ser mis genes más arcanos. Además soy un cazador ilegal porque desde hace un tiempo la ley mexicana obliga a los cazadores a pagarles a los terratenientes para entrar en sus campos. Eso no lo voy a hacer yo. Cuando voy de caza me quedo en las casas de los campesinos y me cuelo. La cacería me hizo entender que los humanos pertenecemos ferozmente a la naturaleza. Sé que no es políticamente correcto, pero a mí no me importa.
¿Ha estado en peligro?
Me gusta cazar jabalíes europeos, que los encuentras en los desiertos de México. Una vez rematé a uno a cuchillo porque me acerqué pensando que estaba muerto. Pero atacó a uno de mis perros y reaccioné. Luego me enfrenté con una escopeta a una manada de jabalíes y sostenía los cartuchos entre los dientes, disparaba y disparaba, estaba solo porque mis compañeros no se atrevieron a avanzar tanto como yo.
¿A qué responde su obsesión por los extremos y la muerte?
Mi interés por la muerte viene de mi interés por la vida. Cuando tienes un sentido de finitud haces de la vida algo mucho más intenso. Si no tienes ese sentido la vida se te vuelve muy aburrida. La vida adquiere mayor gravedad, mayor a peso, si tienes un sentido hondo de la muerte.
¿Es verdad que no bebe ni fuma?
Es cierto. No fumo ni bebo porque nunca me gustó que me dijeran lo que tenía que hacer. Nunca he imitado a nadie. Además, veía lo que les pasaba a quienes probaban el trago y las drogas.
¿Tal vez no es usted muy sociable?
Siempre he sido solitario. Siempre he sido alguien rebelde. No pertenezco a grupos literarios. No pertenezco a ninguna capilla. Todo lo he hecho porque he querido hacerlo. Ahora vivo de escribir. De mi literatura para libros y de mi literatura para cine. Son muy pocos escritores que en el mundo que pueden vivir de escribir.
¿Cree que la suerte le ha ayudado?
Tuve suerte el 13 de marzo del 58, cuando nací. Ahí empezó mi suerte. Mira. En una universidad de Estados Unidos me preguntaron qué consejo le daba a los jóvenes. Les dije: tienes que estar como un tigre agazapado, tienes que estar listo para brincar, porque la suerte no existe, lo que existe es la capacidad de leer las circunstancias. Cuando pasa la oportunidad hay que estar listo para atraparla. La gente sin suerte es la que está distraída. La vida te abre una ventana, dura tres segundos y se cierra. He tenido suerte porque he estado atento las 24 horas.
¿Cuándo fue su momento de suerte?
‘Amores perros’ fue mi momento de suerte. Todo el mundo pensaba que Alejandro González Iñárritu iba a hacer una película de publicista. Me abrieron el huequito y di el salto. Pero ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ me dio la satisfacción profesional más grande de mi vida porque gané la Palma de Oro.

¿En qué circunstancias conoció a su esposa?
Yo era coordinador de la carrera de comunicación y entrenaba el equipo de boxeo de la universidad. La clase vivía repleta de mujeres y allá llegó Maru.
Es una mujer inteligente, fuerte, súper entrona. Nos enamoramos y le dije que si se iba conmigo la iba a pasar muy mal, que iba a faltar el dinero y a lo mejor hasta la comida porque mi sueño era escribir.
¿Qué le dijo?
Me dijo: ¿tú crees en ti?, sí le dije. Y me replicó: yo también creo en ti, ¿cuál es el problema? Es una chingona, una cabrona de mujer. Muy bacana. Lee mis cosas y me dice: esto no funciona. Es franca, clara, honesta, transparente, encantadora y guapísima.
¿Qué tal es usted como papá?

Primero te digo que el cielo ya llegó a mí. Son mis hijos Santiago y Mariana, y mi mujer. Soy un papá muy consentidor, les doy permiso en todo, les doy toda la libertad y les he dicho que si quieren meter algo, droga, que me lo dejen saber.
¿Cuál es su palabra predilecta?
Cabrón, con la connotación de súper.

¿Y la que más detesta?
Odio palabras como parámetro, hermenéutica, exégesis.
¿Qué otra profesión hubiera querido desempeñar?
Soñaba con ser jugador profesional de basquetbolista.
¿Qué le gustaría que le dijera Dios?
Eres tu solito o hay más.
¿Qué espera de sus libros?
Que sobrevivan a mi muerte.

1 Comments:

Blogger Ivan Hernandez Jaramillo said...

Que entrevista mas buena Jose Maria, senti la impresion de que las respuestas de Arriaga eran mas vivaces que tus preguntas, pero estuvo bien.

9:54 AM  

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