Wednesday, February 21, 2007

Forest Whitaker: sin rival en el Oscar

El último Rey de Escocia o el carnaval del genocidio

Cautivante. Locuaz. Imponente. Pérfido. Payaso. Maestro de ceremonias de la oscura ciencia de la mentira y la tortura. Gran copulador. Adepto a la interpretación de los sueños. Y capaz de los más aberrantes crímenes contra la humanidad: no sólo ordenaba la transmisión en directo por televisión de las decapitaciones de sus oponentes políticos, sino que incluso mandó a que le arrancaran las extremidades a una de sus esposas, tenía 6 y 43 hijos, por haberse atrevido a abortar.
El hombre en cuestión es nada menos que el antropófago ugandés Idi Amín Dada, el golpista que descuartizó a su país entre 1971 y 1979, personificado por un revelador e ligero Forest Whitaker, el gigante actor texano que en la pantalla desnuda el alma tenebrosa, la mentalidad psicópata y la megalomanía de quien se hacía llamar “el último rey de Escocia”, por su admiración hacia el rebelde pueblo de los Highlands y porque compartía con él su desprecio a los ingleses.
Nominado al Oscar por este papel, Withaker regresa a las grandes producciones de Hollywood, pues durante años el intérprete se había mantenido un poco al margen de los reflectores por cuenta de sus intervenciones en cintas independientes como
‘Perro fantasma’, ‘American Gun’ y ‘Ultima llamada’.
Mezcla de rudeza e ingenuidad, la actuación de Whitaker logra capturar y transmitir el indudable magnetismo del tirano, esa seducción perversa ante la cual se rindió una nación huérfana y famélica. Aún más. Su cara bonachona y su ojo izquierdo apagado, que en un principio le creó resistencias entre los realizadores de la cinta, contrastan con la personalidad inestable, la conducta infantil y las impredecibles decisiones de su exterminador rol.
A pesar de su crueldad, el encanto y el aura del dictador permanecieron intactos por mucho tiempo. Como suele suceder con las más grandes personificaciones del mal en el mundo. Siempre existen quienes se niegan a admitir que su ídolo sea un genocida. O por lo menos un genocida sin justificación. Porque para matar con motosierra no tiene gracia si no es por el bienestar de la patria. Y exhibido el hacha por parte del matarife, el rebaño asiente enseñando su pálido cuello. Y quien produce el terror controla y manipula el miedo de la población.
Entonces, irrumpen la delación, el chantaje, la corrupción y el atentado personal. Esta realidad, sin embargo, jamás impidió que quien hablaba a nombre de todos, que quien decía yo soy ustedes, estoy aquí para sacrificarme y entre todos conquistaremos la inmortalidad, se comportara como un cobarde en la intimidad, invocara los espíritus de la selva y visitara sin previo aviso a la Reina Isabel II, que al igual que Hugo Chávez, alguna vez intentó abrazarla. Charlatán y aficionado a los Ferrari, Idi Amín cobra vida en un actor que pareciera haber esperado toda la vida para interpretar un papel de alguna manera muy shakesperiano, una especie de Enrique IV africano: mitad homicida y mitad bufón.
Ahí radica la enormidad de la interpretación de Whitaker: en que es lo suficientemente astuto para construir un carácter liviano y cautivante al que se le pueden perdonar las peores atrocidades.
O al menos al que se sigue con morbo de carnaval a la espera de la próxima ejecución. Antes de pasar a la historia del siglo XX bajo el título de “el carnicero de Kampala”, capital de la trágica Uganda, Amín Dada fue analfabeto, cocinero, policía, boxeador de los pesos completos de su país, miembro del Cuarto Regimiento de Fusileros Reales de África de su Majestad Isabel II, y estudiante en Inglaterra e Israel. Mano derecha del golpista Milton Obote, quien a su turno derrocó a Mutesa II, terminó por conspirar contra su mentor, y una vez instalado en el poder, el insaciable monstruo tuvo el cuidado quirúrgico de aniquilar a más de trescientos mil de sus compatriotas para suprimir cualquier oposición.
Alabado en un principio por su país como una especie de mesías, de héroe nacional, Idi Amín no tuvo el menor reato de conciencia para lanzar a su fuerza pretoriana de 15 mil hombres a saquear pueblos y aldeas, violando y matando sin contemplaciones.
Abolidos todos los derechos y libertades, el señor de la muerte decretó la expulsión de las pujantes y prósperas comunidades asiática, británica y judía, hecho que naturalmente determinó el colapso económico de Uganda, amén del bloqueo diplomático y la indignación de la prensa internacional.
La cinta, además, es una muy edificante advertencia para las masas, aleladas y siempre a la espera de un amo, que de un momento a otro se dejan envolver por culebreros, vendedores de ilusiones y por quienes se autoproclaman predestinados por la voluntad divina o una fuerza remota e irresistible para conquistar el poder y someter a los pueblos.
El lunar de la película, sin embargo, es la falta de rigurosidad histórica que desdibuja seriamente el contexto de la acción y conduce al grueso del público a dar por cierta la existencia del médico de cabecera y algunas situaciones que sólo tuvieron lugar en la mente del autor de la novela que inspiró la producción del director Kevin MacDonald. La notable habilidad de Forest Whitaker bien merece una misa y por su puesto el Oscar de la Academia. Un Oscar, que por lo demás, está cantado y proclamado.

2 Comments:

Blogger Ivan Hernandez Jaramillo said...

HOLA, PA QUE VEA COMO SOY DE BUEN AMIGO, ESTE ES MI PRIMER COMENTARIO:

ESTA MUY BUENO, AUNQUE LA DESCRIPCIÓN DE TU PROFILE ES BASTANTE DEPRESIVO & VOS SOS MUY RECOCHERO.

UN FUERTA ABRAZO

12:35 PM  
Blogger .:: Bogotá 35MM ::. said...

Hola JM, es Mariano. Nos conocimos por Iván en el ensayo de Warner.

Cómo va? yo por acá al fin logrando un contacto más cercano.

Le dejo mi mail para que usted me deje el suyo y así estemos en contacto:

blog35mm@gmail.com

Un saludo,

PD: bacano el blog, pronto lo añadiré al mío.

11:07 PM  

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