Monday, January 22, 2007

Jorge Valdano: entre el fútbol y la literatura

“No me considero un intelectual”

El ex delantero de la selección argentina de fútbol, que ganó el Mundial de México 86, es un respetado autor literario. Dice que escribir forma parte de esa necesidad de convertir la experiencia en mensaje. Colombia hace parte de los planes empresariales de su compañía consultora.

Esa tarde mexicana del 29 de junio de 1986, en plena final de la Copa Mundo, había que pellizcarse para saber que no era un sueño.
Maradona era pasión y adrenalina en estado puro. Bilardo, desde la banca, se aferraba a todas las cábalas. Y él, Jorge Valdano, lector de Cortázar y escritor de cuentos en vísperas de domingos, era cerebro, método y palabra precisa. Por algo le apodan “el filósofo”. La otra cara del sentimiento.

Entonces, caía el crepúsculo sobre el estadio Azteca de la Ciudad de México. Su partido fue excepcional. La revista El Gráfico dijo: “tapando la subida de Briegel y pasando al ataque con la potencia de siempre para coronar un segundo gol brillante que se inició en sus pies”.
Luego, el delantero soltó la clave de la conquista del segundo título mundial de la Selección argentina: “los grupos se arman fuera de la cancha, pero se solidifican con los triunfos”. Después diría frases como “soy una especie de vaso comunicante entre el fútbol y la cultura y no tengo más aspiración que esa”.
Tres temporadas atrás, el filósofo había ganado tres ligas con el Real Madrid y dos copas UEFA. Ya en el 94, como técnico del club merengue, conquistó una liga más. Y hasta el 2004 fue el gerente general del Real, dejando a su paso uno de los capítulos más grandes en la historia del equipo más grande del mundo.
Pero su participación en la segunda edición del Hay Festival de Cartagena, internacional banquete literario que se realizará entre el 25 y el 28 de enero, se debe al vuelo de su pluma, a la seducción que generan sus libros, como ‘Sueños de fútbol’, ‘El miedo escénico y otras hierbas’ y ‘Los cuadernos de Valdano’, a la inclusión de algunas de sus perlas en volúmenes como ‘Cuentos de fútbol’ y ‘Cuentos de fútbol II’.
Sí. Por relatos como ‘Creo vieja que tu hijo la cagó’, es que Valdano viene a Colombia como escritor. Y pensador.
Desde Madrid, el autor atendió esta entrevista
¿Desde cuándo y de qué manera se acercó usted a la literatura?
He sido siempre un buen lector y escribir no fue más que una consecuencia de esa pasión. Me gusta el fútbol, tengo la particularidad de haber dado la vuelta entera alrededor de este fenómeno: aficionado, jugador, entrenador, comentarista, directivo… y siempre he tenido una marcada personalidad reflexiva. Escribir forma parte de esa necesidad de convertir la experiencia en un mensaje.
¿Qué ha significado la escritura para usted?
Un vehículo de descarga que me permite ordenar las ideas. Por otra parte la literatura es otra manera de jugar.
¿Cuáles son los vínculos entre el fútbol y la literatura. De qué manera se alimentan?
Hay algo de redundancia en el deseo de asociar fútbol y literatura porque es como meter un juego dentro de otro juego. El único secreto es que se ha escrito sobre fútbol mucho más de los que la gente cree. Tengo una biblioteca completísima sobre fútbol y sorprendería ver la cantidad de autores célebres que se acercaron reflexivamente al fútbol. Por otra parte, cada día se escribe más y mejor, sobre todo ensayo y ficción.
¿Cómo fue su niñez y cuál fue el ambiente familiar en el que creció?
Mi niñez fue dentro de un pueblo de 9.000 habitantes que se llama Las Parejas, Provincia de Santa Fe, (hoy ciudad próspera de 12.000 habitantes). Había tres estaciones: mi casa (donde estaba la seguridad y el afecto), el colegio (donde estaba la obligación) y la calle (donde estaba la libertad y el placer de jugar al fútbol). Mi padre falleció cuando yo tenía cuatro años, pero crecí en una familia muy estructurada con una madre que ejerció ejemplarmente su papel.
Albert Camus decía que las cosas más importantes que había aprendido sobre la vida se las debía al fútbol. ¿Usted piensa igual?
Es que la cancha es un sitio perfecto para conocer a los seres humanos. Hay adentro cada uno se expresa en toda su autenticidad y se pueden sacar conclusiones muy valiosas.
¿Qué cosas le debe al fútbol?
Fue un vehículo apasionante que me paseó por emociones grandísimas y me brindó la oportunidad de conocer el mundo y a personajes maravillosos de otros ámbitos a los que admiro profundamente: escritores, pintores, cantautores…
¿Por qué fundó ‘Make a Team’ y cuáles son los propósitos de esta empresa?
Siempre pensé que el deporte es, como dice el tango sobre el Cafetín de Buenos Aires: “una escuela de todas las cosas”. Sus lecciones sobre temas tan importantes como el trabajo en equipo, motivación, liderazgo, gestión del talento, gestión del cambio, gestión del conflicto… son perfectamente transferibles al ámbito empresarial.
¿Cuál es el propósito?
El propósito es ser una consultora de formación en Recursos Humanos que tiene la singularidad de asociar deporte y management. Trabajamos con empresas líderes de España y en estos momentos estamos en proceso de expansión en Latinoamérica.
¿Ha pensado en Colombia?
Por su puesto. Colombia es un de nuestros objetivos empresariales.
¿Cuáles son sus manías a la hora de escribir?
No tengo ninguna manía y tampoco me considero un intelectual. Los intelectuales le dedican la vida al pensamiento. Yo eso lo hago a tiempo parcial. La mayor parte de mi tiempo lo dedico a la acción.
¿Cuáles son sus escritores preferidos?
Borges, García Marquez, Cortazar, Octavio Paz, por hablar sólo de latinoamericanos.
El triunfo ha sido siempre su aliado, pero, ¿qué momentos de crisis ha vivido usted y cómo los ha superado?
Dentro de un mundo tan abrupto como el del fútbol me fue bien, muy bien, mal y muy mal. Quizás los peores momentos profesionales fueron aquellos en donde la salud puso una barrera infranqueable para alcanzar mis aspiraciones.
¿Cuáles fueron esos malos momentos?
En el Mundial 82 sufrí una lesión que me dejó fuera del campeonato en la segunda presentación de Argentina, frente a Hungría. Estaba en el mejor momento de mi carrera y aquello me dolió mucho. Tampoco hay que olvidar que un hepatitis crónica (felizmente superada ya) me obligó a abandonar el fútbol cuando mi idea era seguir algunos años más en la profesión.
Y se llevó un buen susto en México, ¿no?
Sí. He tenido un serio accidente de helicóptero en el año 2006 en México D. F. Sin duda, la salud es un gran privilegio. Los malos momentos se superan con entereza y, con el tiempo, tienen la ventaja de que enseñan mucho más que los buenos momentos.
¿Qué está escribiendo?
Tengo colaboraciones semanales en distintos medios de comunicación. Me permite la gimnasia de escribir y la obligación de estar informado sobre fútbol aún sin estar trabajando en ningún club.
¿En qué consistió el exitoso sistema organizativo y de gestión que usted introdujo en el Real Madrid?
Se trataba de un momento económico delicado con una deuda de 500 millones de dólares y pérdidas anuales superiores a los 50 millones de dólares. La plantilla tenía un coste equivalente al cien por cien de los ingresos. Se depuró la plantilla, se incorporaron algunos de los mejores jugadores del mundo (Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham) y se fortaleció la imagen gracias a un gran trabajo del departamento de marketing.
¿Cuáles fueron los resultados?
Se ganaron siete títulos en tres años, al tiempo que se doblaba el presupuesto (de 175 millones de dólares a 350 millones de dólares), con un superávit de más de 60 millones al año. Desgraciadamente, en los últimos años, el Real Madrid volvió a caer en viejos vicios: fichajes de jugadores ineficaces y caros, caos organizativo y una indefinición en su estilo de juego.
Usted es una ganador por naturaleza, ¿cuáles son los resortes espirituales y mentales de un triunfador?
Rechazo el título de ganador por naturaleza. Pero creo que para vivir hay que crearse retos, metas, sueños que sean un motor de la voluntad y nos ayuden a superarnos permanentemente.
¿Cómo observa el desempeño del periodismo deportivo?
El periodismo deportivo vende más espectáculo que información y eso vale para cualquier país del mundo. Para lograrlo debe exagerar la realidad, individualizar el éxito y el fracaso y, en muchos casos, tener personajes amigos y enemigos para que el juego de las pasiones sea más fácil. De todos modos creo, como Menotti, que no hay periodismo, hay periodistas. En esto, como en todo, es necesario discriminar. Yo hace tiempo que solo leo a los que creo que son honestos y tienen puntos de vista interesantes. Para eso hace falta saber de fútbol y de más cosas para poder poner el juego en perspectiva dentro de la sociedad.
¿A qué se debe esa relación delirante entre los argentinos y el fútbol?Argentina tiene una relación claramente exagerada con el fútbol. En tiempos de dictadura, hiperinflación, guerras de Las Malvinas, corralitos y otros estragos, la gente se refugió en el fútbol. Maradona es un símbolo de todo eso hasta el punto de haberse convertido en una divinidad.
Como técnico, ¿usted les recomendaba a los jugadores algún tipo de lectura?
Por supuesto que no. Debo decir que los libros ni mejoran ni empeoran al futbolista. Otra cosa es si hablamos del hombre que juega.
¿Cuál es el verdadero papel de un técnico de fútbol?
El técnico es el que debe gestionar el capital humano de un plantel para sacarle el máximo rendimiento. En la misma proporción en que ha ido aumentando su importancia la fue perdiendo el jugador. Los entrenadores son hombres que siempre están en peligro y la respuesta natural a ese acoso es un mayor sentido del control y el exceso de conservadurismo.
Hecho que acabó con el arte en el fútbol, ¿no?
Si hay un motivo que explique la vulgarización del fútbol, ese es el miedo, y el que lo suele expresar de una manera más descarnada en sus decisiones es el entrenador. Los jugadores, a medida que fueron perdiendo poder, se fueron haciendo cada día más dóciles y menos atrevidos.
¿Cómo vivió la final de la Copa Mundo de México 86?
Son momentos inolvidables porque todos estábamos antes el partido más grande de nuestra vida. Era un camerino relajado, muy seguro de si mismo. En un mes habíamos fortalecido mucho la confianza y nos sentíamos preparados para afrontar esa responsabilidad. Maradona era un líder y hacía bromas sobre sus propios miedos. Una manera de decirnos: si están nerviosos no se preocupen porque hasta yo estoy asustado. Pero, insisto, dentro de un clima distendido. En cuanto al entrenador, en esos momentos solo debe trabajar sobre los últimos detalles con mensajes muy simples y claros.
¿Qué hace en sus horas de ocio?
Cine, teatro, lectura, amigos, televisión… Después de mi accidente en el helicóptero he aprendido a compensar mejor los tiempos del deber y del placer.
La Selección de Colombia es un enigma. ¿Qué le hace falta para que triunfe?
Formación. Sin la consolidación de un estilo no hay escuela posible. Han tenido la posibilidad de transformar a Maturana en un referente del tipo que fue Cruyff en Holanda, pero hubo gente que prefirió convertirlo en el centro de todas las polémicas. Y sin maestros tampoco hay escuelas.
¿Qué necesita para ser feliz?
Tiempo, afectos, proyectos…
Perfil
Jorge Valdano
Nació en: Las Parejas, Provincia de Santa Fe, Argentina, el 4 de octubre de 1955.
También tiene nacionalidad española.
Trayectoria: se inició como futbolista en 1973 en Newell’s Old Boys. En 1975 se integra al Real Zaragoza. El Real Madrid lo contrata en 1984 y se convierte en el goleador de la liga española con 17 goles. En su primera temporada con los merengues ganó tres ligas y dos copas UEFA.En 1987 se retira del fútbol por cuenta de la Hepatitis B.
Títulos: cuatro ligas españolas. Como jugador: 1986, 1987 y 1988. Como entrenador: 1995.
Dos copas UEFA (Real Madrid, como jugador: 1985 y 1986)
Una Copa Mundial de fútbol en México 1986.
Números: jugó 228 partidos en la primera división española y anotó 86 goles.
Fundador y director de la compañía consultora en Recursos Humanos ‘Make a Team’, con sede en Madrid, España.
Autor de los libros: ‘Sueños de fútbol’. ‘Los cuadernos de Valdano’. ‘El mido escénico y otras hierbas’. Coautor de ‘Liderazgo’.

Monday, January 15, 2007

Un glorioso regreso

El último asalto de Rocky Balboa

Fuí testigo de las palizas que le dieron y también de las golpizas que propinó sin piedad. Crecí viendo su rostro roto y desfigurado. Me burlé de sus torpezas y su peculiar modo de hablar porque sabía que se burlaba de los inteligentes. Me hice hombre viendo los vendajes, las pomadas y el agua oxigenada que le aplicaban en sus heridas. Ví como su inseparable escudero Paulie (Burt Young) le servía de muleta moral y emocional. Ahora veo que envejeció dejando cosas y afectos atrás. Como nos pasa a todos si vivimos lo suficiente.
Ahora me encuentro con un viejo amigo que vino de las brumas de los recuerdos para estrecharme la mano y despedirse de una vez por todas.
Lo acabo de ver por última vez. Pero esté fue un adiós distinto. Un adiós que en el fondo es una súplica: un adiós de esos que dicen: sólo pasaba por el vecindario y me preguntaba si todavía vivías aquí.
No estoy muy seguro de que la suya haya sido una actuación. Porque me parece que Rocky es una excusa de la que una vez más se prendió Stallone para volver a vivir. Para volver a respirar aire fresco y ser feliz.
Decía el dramaturgo irlandés George Bernard Shaw que en el plano más alto de la representación teatral no se actúa, se es.

Y ese inhabitual y magistral grado de interpretación es el que alcanza Sylvester Stallone frente a las cámaras en la sexta personificación de su legendario e imbatible Rocky Balboa. Sin duda el round más memorable de la serie del campeón inspirado en el fracasado boxeador Chuck Wepner (el atontado blanco arrollado por Muhammad Alí en 1975) desde aquél primer asalto en 1976, con el que obtuvo el Oscar a la mejor película.
Dieciseis años después de haber colgado los guantes de una manera deprimente y digna de olvido, Stallone, que ya ladra sentado, regresa por sus fueros y cautiva a sus fanáticos con un guión impecable, irónico, espiritual y más que esperanzador, bastante aleccionador.
Porque las perlas que esparce como semillas en el campo parecen revestidas de una combinación de sabiduría callejera, metáforas bíblicas y sentencias dictadas por las arrugas.
La esmerada y cálida escritura, compuesta por el mismo Stallone, salpicada de incontables pasajes poéticos y no menos sarcásticos: sobran frases para poner debajo del vidrio de la mesa de noche, para plastificar y portar en la billetera, para colgar en el corcho de la oficina y hasta para tallar en mármol como epitafio, arroja como resultado un muy humano relato acerca de la insatisfacción y la nostalgia que inevitablemente aturden a todo aquél que besa el cielo, y al cabo de los años se convierte en un incómodo mortal más.
En una retirada y pintoresca estrella al borde de la caricatura. En una figura de museo que brilla por su situación holgada, apacible e insípida.
Fuera de eso, Satallone no sólo se contenta con fabular y fantasear, aunque de manera muy realista y a veces escéptica, alrededor de Rocky, su más elaborado e íntimo alter ego, sino que se funde y pierde en él.
Y entonces el espectador ya no piensa en la actuación de Stallone para concentrarse en la existencia solitaria de un Rocky romántico, persuasivo y decidido.
Romántico porque intenta, con éxito diverso, seducir a un amor de antes. Persuasivo porque frente a la comisión que debe otorgarle la licencia para volver al cuadrilátero, alega que nadie puede impedir que sea feliz, aún a costa de su propia vida. Y decidido porque en esta trepidante resurrección se la juega por completo para ser el que nunca dejó de ser: un medio atolondrado pugilista que peleaba por conquistar un lugar decnte bajo el sol. Cuando a estas alturas le sobran fama, fortuna, pasado y silencio.

Por eso es que todo lo que en esta cinta rodea el turbio y fatídico mundo del boxeo cobra, en manos del intacto y lúcido Stallone, un matiz de belleza bizarra, de contra estética atrayente (que por unos instantes evoca la idolatrada ‘Toro Salvaje’), de culto al músculo gladiador, no necesariamente para aniquilar al contrario, más bien para conquistar una gloria efímera pero muy reconfortante.
Pues en el fondo, se trata de no doblegarse ante la vida, de contrarrestar el uppercut del azar y el jab que a toda hora nos lanza el siempre despiadado mundo.

Lo que pasa es que es mejor desafiar el destino sobre la lona de un encordado en vez de esperar a que el enemigo oculto te ponga una zancadilla a la vuelta de la esquina.
Por lo menos en el ring se sabe de antemano que hay que matar o morir para aguantar un día más.
Pero sobre todo, Stallone reapareció con su apesadumbrada criatura por rebeldía. Para demostrarle al mundo que siempre existe una forma elegante y suicida de salir airoso en contra de todos los pronósticos. No creo que Stallone con su nuevo ataque haya buscado la inmortalidad. Pienso que su intención fue la de restaurar a un héroe de película que tanta falta hace en una época de cobardes. Y su mayor alimento fue él mismo.
Jubilado por la crítica, Rocky ha vuelto para abandonar la escena con la cabeza en alto. Con menos reflejos y puños con principio de artrosis, es cierto. Pero más sabio que nunca. De todas maneras regresó del olvido para poner las cosas en orden: para decir que la obra de arte más grande de un hombre es su propia vida y que las palabras y las imágenes están para contar la leyenda.
Tal vez al mirarse al espejo Stallone descubrió que si su tiempo había pasado era hora de que Rocky se retirara con honor de lo que más ama, así lo hiciera mal, porque es peor vivir mal sin hacer lo que se ama.
Stallone no se equivocó. Triunfó en su pelea suprema y no lo hizo por hambre, como le gusta al técnico Eduardo Lara que jueguen al fútbol los muchachos de la Selección Colombia Sub 20. Lo hizo porque no hay para él una mejor manera de vivir distinta a la de hacer cine y servir al amo que lleva dentro, del que no es más que un esclavo: Rocky. Quien por dos horas inventa la vida que hubieran querido llevar Stallone y todos sus devotos seguidores.
Su ficción entraña una gran verdad: lo que el mundo nos ofrece no basta. Y por tanto hay que embellecerlo con una mentira.

Friday, January 12, 2007

'Al final del espectro', sedujo a la ganadora del Oscar



Un colombiano dirigirá a Nicole Kidman

De la cinta de terror de Juan Felipe Orozco, estrenada en diciembre, se hará una versión en Hollywood. La actriz australiana también participará como coproductora.

Juan Felipe Orozco estaba muy tranquilo en Medellín hasta que Roy Lee, su influyente productor asociado en Estados Unidos, le contó que la oscarizada Nikole Kidman había entrado en shock tras haber visto una muestra exclusiva de su fantasmagórica cinta ‘Al final del espectro’, obra que por estos días aterra a los colombianos con su muy sugestiva puesta en escena, y que a finales de este año contará con la australiana como protagonista y co-productora de la versión hollywoodense.
Entonces, el director y guionista saltó de la dicha pero también del pánico. Pues a sus 28 años no sólo ha logrado marcar un valioso precedente con su ópera prima en la filmografía nacional, sino que ahora se enfrenta al menudo desafío de dirigir a una de las actrices más apetecidas del mundo.

El milagro ocurrió, cuenta el cineasta paisa, porque al terminar el rodaje y comenzar la post producción, lo primero que hizo fue realizar el trailer de la película y exhibirlo en la página web
www.alfinaldelespectro.com.
La receptividad de la audiencia fue tan asombrosa que más de 20 mil cibernautas bajaron los cortos. Más contento que Steven Spielberg con ‘Tiburón’, Orozco decidió enviar una invitación a 300 ejecutivos de Hollywood para que visitaran su sitio y vieran el trailer. Ahí apareció Roy Lee, productor de filmes como ‘The Ring’, ‘The Gudge’, ‘The Departed’ y ‘The Invasión’, la nueva película de Nicole Kidman, quien le propuso a la rubia diva que participara como actriz y mecenas del remake del proyecto de Orozco.
Viaje al mundo paranormal y del bajo astral, ‘Al final del espectro’ es también una inocultable apología al cine de terror en el que asoman sin pudor el buzo de rayas rojas de Freddy Kruger, la clásica secuencia en la bañera de ‘Psicosis’, los misteriosos vecinos de ‘El bebé de Rosemary’ y los largos cabellos azabaches tan obsesivos en cintas orientales como ‘The Ring’ y ‘Dark Water’.
Entrevista

¿Cómo se va a preparar para dirigir a Nicole Kidman?
No tengo miedo a sentir miedo. Al contrario, creo que esto es lo que me da vitalidad. Este es tal evz el reto más grande de mi vida y me va a exigir muchísimo como aprender inglés técnico, participar en otros rodajes, estar en los estudios de Los Angeles. Tengo que crecer a un nivel profesional que nunca había soñado.
¿Qué sabe de Nicole Kidman?
Lo que sé de ella, gracias a Universal Pictures, es que es una actriz muy profesional, que trabaja muy duro y trata de sacar lo mejor de los directores, que le gusta que la presionen y le pidan más y que sobre todo confía muchísimo en la gente joven, algo que, sin duda, hará mas fácil esta desafiante tarea.
¿A qué elementos alude ‘Al final del espectro’?
De un lado, al recorrido que hace Vega (Nöelle Schonwald), la protagonista, para enfrentar aquello que más teme: al rojo como clímax, como conflicto, como pasión, como obsesión. Es la importancia del rojo y la sangre a través del espectro electromagnético, en el que ese rojo, si partimos del violeta, supone el final del camino.De otro, la película alude al mundo de los entes, de las apariciones, de lo sobrenatural y al espectro como fantasma.
¿Cuál es el mensaje de fondo de su cinta?
Bueno, la película tiene un mensaje de fondo, y es una crítica al abuso de la seguridad… es un juicio directo al hecho de estar cada vez más usando tecnología y métodos de seguridad que en últimas terminan no solo volviéndonos más paranoicos sino también confinándonos y aislándonos como mecanismo de defensa. Estamos perdiendo la libertad y la tranquilidad por el exceso de seguridad, estamos convirtiéndonos en esclavos de una seguridad efímera. Entre mas seguros somos mas inseguros nos sentimos.
¿Hasta qué punto su cinta es un homenaje a las cintas de suspenso y terror?
Los referentes de terror en ‘Al final del espectro’ son obvios y nunca quisimos evitarlos ni esconderlos, al venir de la escuela del “ver cine” uno siente un afecto casi mórbido por las películas, se convierten en una obsesión y en fanatismo, siente uno la necesidad incontrolable de decirle a la gente: Miren, esta película me encantó… y le hago un homenaje, ‘Al final del espectro’ está lleno de estos pequeños homenajes, las tijeras de Alfred Hitchcock de “Dial D for Morder” , el buzo de rayas rojas de Freddy Kruger, la secuencia en la bañera muy al estilo “Psycho” o “What Lies Beneath”, Los vecinos bizarros de “Rosemary's baby”, los giros inesperados tipo “M. Night Shyamalan”, y los recurrentes usos de imágenes distorsionadas de cámaras y el fetiche por el cabello largo y negro de películas orientales como “The Ring” y “Dark Water”.
Estos son sólo algunos de los lugares comunes de ‘Al final del espectro’, que está repleta de códigos del género y de apologías a una gran cantidad de películas que significaron tanto durante nuestra vida.
El subtítulo de su película dice “¿qué tan seguro es estar adentro?”, ¿a qué responde?
La cinta tiene un mensaje de fondo y es una crítica al abuso de la seguridad. Es un juicio directo al hecho de estar usando cada vez más tecnología y métodos de seguridad que no sólo terminan volviéndonos paranoicos, sino también aislándonos como mecanismo de defensa. Creo que estamos perdiendo libertad y tranquilidad por el exceso de seguridad. Y entre más seguros estamos más inseguros nos sentimos.
¿Cómo hizo para crear una atmósfera tan fantasmagórica?
Con Sara Millán (directora de arte) y Luis Otero y Manuel Castañeda (Co-directores de fotografía), logramos conformar un equipo de trabajo increíble. Sara realizó una investigación asombrosa acerca de materiales, tipo de arquitectura, conceptos, texturas, colores, algo que tuviera referentes colectivos pero que al mismo tiempo fuera único y onírico. Esto mismo fue lo que Luis y Manuel hicieron con la fotografía. Queríamos que se reconocieran los códigos del género del terror: colores fríos, pálidos, pero al mismo tiempo oníricos y diferentes.
Así que el departamento de arte fue otro gran protagonista…
El departamento de arte intervino el apartamento en donde ocurre la acción. Todo en el lugar está diseñado, cada pared, cada sucio, cada cuadro, cada detalle, el papel de colgadura, las mesas de noche, los baldosines del baño, todo fue diseñado e intervenido. Así podíamos recrear un espacio realista y al mismo tiempo extraño. Un lugar que el espectador reconociera desde el primer momento, que despertara una extraña sensación de “yo conozco este lugar”, y “dónde diablos consiguieron esa locación… quién podría vivir allí”.
¿Cuándo, cómo y por qué nació Paloaltofilms, su compañía audiovisual?
Paloalto Films nació de un sueño de infancia: realmente Esteban (mi hermano) Luis Otero (Director de fotografía), Alejandro Ángel (Productor ejecutivo) y yo comenzamos haciendo cortos desde los 11 años de edad, en ese tiempo fue más por pasar el tiempo y divertirnos un rato con una cámara filmadora de una tía nuestra. Ese podría ser el origen de todo esto, aunque en ese tiempo no pensábamos que llegaríamos a hacer cine de profesión, fue solo un pasatiempo.
¿Qué pasó después?
Al pasar los años, cada uno fue tomando un camino diferente, Esteban estudió ingeniería de sistemas, Alejandro ángel estudió economía, Luís si se fue por el cine y yo por el diseño. Estudiando diseño fui regresando al cine como cinéfilo, veía muchísimas películas y lentamente me fui encarpetando de nuevo con esto. Y un día de 2003, en Bogotá, me encontré con Luís y recordamos lo que hacíamos, y nos dijimos que montaríamos una empresa de cine diferente, una empresa de cine de entretenimiento con calidad internacional y que se llamaría Paloalto Films, a partir de ahí comenzamos a buscar la gente apropiada, queríamos un equipo homogéneo en visión pero heterogéneo en oficios.
A partir de ahí comenzamos la búsqueda la cual tardó casi dos años, logramos encontrar a un equipo increíble con el que conformamos un equipo de 9 socios con los cuales hace más de dos años que comenzamos el sueño de hacer cine diferente para Colombia. Y de paso, traspasar las fronteras nacionales.
¿Cómo han hecho usted y su hermano para mantener a flote su empresa, y qué clase de proyectos llevan a cabo?
Cuando comenzamos sabíamos que debíamos dedicarle tiempo completo a la compañía, la mayoría de los realizadores colombianos deben realizar muchas labores paralelas al cine para poder subsistir, ya sabes, el cine se ha convertido más en un pasatiempo que en una verdadera profesión de la cual se pueda vivir, es por esto que la mayoría de los proyectos cinematográficos colombianos tardan entre 5 y 8 años en ver la luz.
Nosotros sabíamos que si queríamos hacer negocio, hacer que el cine fuera rentable, que se pudiera vivir de él, que se pudiera ganar de él, debíamos dedicarle todo el tiempo posible, y de esa manera lograr que los proyectos no tardaran más de dos años en ser realizados y de esta manera poder pensar en inversiones rentables.
¿Hubo sacrificios?
Los 9 socios de paloalto debimos hacer un sacrificio muy grande y fue el de retirarnos de todos nuestros trabajos para dedicarnos de lleno al proyecto.Afortunadamente contamos con el apoyo incondicional de nuestras familias, que nos apoyaron y estuvieron ayudándonos durante este periodo en que no teníamos sueldos ni nada, pero sabíamos que era un paso, un proceso por el que debíamos pasar mientras el proyecto tomaba curso, fue un año largo y duro, pero dio resultado tanto esfuerzo.
Usted no estudió cine, entonces ¿cómo ha sido su formación, de qué forma un espectador, un amante del cine se convierte en cineasta y da semejante golpe de opinión?
Realmente no hay mucha diferencia entre lo que puede aprender uno en una carrera de cine y en una carrera de diseño gráfico, a excepción de las características técnicas del oficio. El diseño me dio una gran fortaleza en el manejo de la imagen, desde el lado estético y desde el lado conceptual, el diseño tiene una gran carga semiótica, te da fuertes herramientas para la creación de mensajes, el manejo de símbolos y simbolismos, realmente el diseño si te forma como creador de mensajes a partir de la imagen, que es en ultimas la finalidad del cine. Es por esto que no me parece tan descabellado estudiar diseño y terminar haciendo cine.
¿Cómo se introdujo en el aspecto técnico?
Toda la información técnica del oficio del cine la pude aprender en largas y continuas lecturas en la biblioteca de la U, había semestres en que mis compañeros se asustaban de todo el tiempo que dedicaba a esas lecturas, estudié de manera autodidacta la historia del cine, la técnica, les herramientas, el uso de la cámara, el guión, la dirección de actores. Y, por otro lado, hacía lo que en definitiva me formó como cineasta: ver muchísimo cine. Para mi la verdadera escuela está en las mismas películas, ahí uno aprende a narrar, a contar historias, uno entiende el oficio del actor, de la cámara, de la estética, viendo el resultado final, para mí es inconcebible hacer cine sin ver cine.
Perfi de Juan Felipe Orozco
Nació en: Medellín, hace 28 años.
Estudios: Diseño Gráfico, en la Universidad Pontificia Bolivariana, de Medellín.
Trayectoria: Al lado de su hermano y guionista Carlos Esteban y su amigo Luís Otero, fundó, en 2004, la empresa audiovisual ‘Paloalto Films’, montada con una estructura similar a la que se requiere para realizar cine.Director y coguionista de ‘Al final del espectro’, su ópera prima.